16 de Septiembre.



La Chequera del Banco de la Fe .


“Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.” Mateo 10: 42.

Pues bien, yo podría hacer al menos eso. Podría realizar un acto de amabilidad para con el siervo del Señor. El Señor sabe que amo a todos los discípulos, y consideraría un honor lavar sus pies. Por causa del Señor amo a los discípulos.

¡Cuán agraciado de parte del Señor es mencionar una acción tan insignificante: “dar un vaso de agua fría”! Por pobre que sea, yo puedo hacer eso: puedo hacer eso, por humilde que sea: y lo haré de buena gana. El Señor se da cuenta de eso aunque parezca tan pequeño: lo advierte cuando es hecho al más insignificante de Sus seguidores. Evidentemente, no es el costo, ni la destreza, ni la cantidad, lo que Él mira, sino el motivo: eso que hacemos a un discípulo, por ser un discípulo, es visto y recompensado por el Señor. Él no nos recompensa por el mérito de lo que hacemos, sino de conformidad a las riquezas de Su gracia. Yo doy un vaso de agua fría, y Él me da a beber del agua viva. Yo doy a uno de Sus pequeñitos, y Él me trata como a uno de ellos. Jesús encuentra una apología para Su liberalidad en aquello mismo que Su gracia me ha conducido a hacer, y dice: “de cierto os digo que no perderá su recompensa.”


La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.



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